Monday, October 15, 2012

Aquella tarde

Aquella hermosa tarde de sol otoñal
palpitaba grande mi corazón en tu presencia,
adornada estabas de un cielo claro y juvenil
cuando te encontré buscando tesoros en tu libro mágico.
Era la profunda calma antes de la tormenta.

Tus suaves aromas percibía con intensidad,
tus ojos dulces y alegres,
líquidos y profundos,
tu voz luminosa e iluminadora,
timbre de estelas de mar...
me esperaba una presencia con
palabras de aguijón,
y con saetas encendidas de verdades evidentes.
Aquella tarde, sí, aquella tarde de sol otoñal
con un movimiento de tu mano interior me desnudaste,
emboscada salvaje de guerra no declarada,
abierto sin más, cuchillo de dos cortes,
acción pura sin contemplaciones,
mano hábil con tan poderosa arma.

De pronto, presa de tu caza, 
me encontré en frente tuyo,
desnudo, perplejo,
atrapado y sin salida,
esfuerzo inútil de gacela traspasada
por feroz garra de leopardo de estepa.
Tan sólo me quedó recogerme a mí mismo
y entre confuso, tocado, perplejo y desnudo,
te sentí como breve, pero fuerte huracán,
y nada más me quedó que recogerme a mí mismo.

Pasado el tiempo, después de muchas otras
sigo recordando aquella tarde,
tarde de vino nuevo,
de aromas suaves,
tarde única,
tarde de brisa suave y huracán.
Hoy me río de aquella tarde,
me río de mí mismo confundido,
también de tus nervios disfrazados,
pero aun así,
adoro tus palabras de escalpelo,
y la hermosa selva de tu cabello nocturno
de bella danza helicoidal.








Saturday, October 13, 2012

Nos hiciste llorar sin afligirnos

Tranquila, tierna y tímida la tierra se asoma en su aroma, y aunque en efecto haces llorar, menos mal no de aflicción. Me ha encantado esta oda a la cebolla, que es una oda a las simples cosas de la vida, la trascendencia de lo prosaico como una cebolla. Recuerdo mucho grandes extensiones de tierra en medio de una densa niebla por el bravo frío de la montaña, recuerdo en mi infancia esos campos de cebolla junto a la carretera, que anunciaban su presencia desde mucho antes de llegar cerca de ellas. Y sí, también recuerdo que no creía que uno podía llorar por ella, hasta que un buen día también a mi me pasó, y me pareció  asombroso e increíble. Transcribo esta hermosa oda de Neruda, homenaje a la vida simple y a las fragancias de la tierra.




Oda a la cebolla

Cebolla,
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.

Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.

También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada
y parece que el cielo contribuye
dándote fina forma de graniza
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios de un tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.

Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada.

Y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.



Tuesday, September 18, 2012

Te doy una canción

Lo que tengo, te doy ...




Monday, September 17, 2012

Di tu decir ...

Me he encontrado con otra magnífica creación de Paul Celan. Otro pretexto para nombrar.


Habla también tú...

Habla también tú,
sé el último en hablar,
di tu decir.

Habla -pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale tanta
cuanta en torno a ti tu sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira en torno:
ve cómo alrededor todo se hace viviente
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quién dice sombra

Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿A dónde ahora, despojado de sombra, adonde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.

Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.





Di tu decir con palabras errantes, quiero que hieras la coraza de mis tímpanos y rompas el silencio negro de la noche en vela. Quisiera que dijeras "no es ya esta gravedad", pero al menos rompes el eco del silencio monacal. Austeridad de palabras, ni siquiera esa sombra del sentido tambaleante en palabras errantes. Sólo oquedad.

Mis oídos extrañan tu voz, que seas como tu, lenguaje de cuchillo ensangrentado afilado para cortar ilusiones. Habla también tu, esfinge muda, pero que no vacía. Di tu decir, di tu sombra, dite a ti misma, pero di tu decir.

Sunday, September 16, 2012

Viento al Atardecer

Luces que conmueven mi interior como olas de viento fresco al atardecer,
las siento en las ventanas de mi alma, abiertas para ser.
Así siento el hilo de Ariadna de mi vida,
la salida de mi propio laberinto poblado de minotauros,
queda ahora el resto de mi vida por recorrer.






Sunday, August 26, 2012

Sobre perspectivas y tragedias

Colección de algunas cosas que se me ocurrieron a propósito de una representación pictórica:

La tragedia, según creemos: "La fe en valores absolutos, ilusoria como es, me parece condición de la existencia" (T. Mann), y yo añadiría: el prodigio humano consiste en vivir y seguir viviendo sabiendo que las creencias son nada más que creencias, mundos o ilusiones posibles, tan necesarias como improbables y probables al mismo tiempo.

Otra tragedia, según creemos: "Hechos es precisamente lo que no hay, sólo interpretaciones" (Nietzsche), pero una vuelta recursirva ad infinitum sobre la interpretación nos hace más patente la primera tragedia.

Una más, por si acaso, según creemos: nuestros conceptos, en tanto metáforas, configuran nuestra realidad; con eso quedamos atrapados en nuestra subjetividad, si es que no tenemos una subjetividad un poco más grande que es lo que se llamaría un "mundo común"

Alguien con la sensibilidad suficiente, podría llorar después de esta otra tragedia, según creemos: no sabemos lo que hacemos, y tal vez por eso la sabiduría que se esconde detrás del verso bíblico: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen".

Y todo esto a propósito de lo que me dejó pensando cuando vi por primera vez esta foto digital de un cuadro de Gauguin


Según cuentan los libros que ando leyendo estos días, al ver esta pintura Van Gogh expresó: "Ese soy yo verdaderamente, pero tal como si me hubiera vuelto loco", y al menos de parte de Vincent, la convivencia con Gauguin fue otro, tal vez el último, de los detonantes de su enfermedad mental. Pero en tanto que ninguno sabía lo que estaba haciendo, tratando de reconocer objetivamente sus propias perspectivas, lo que la foto digital de la pintura me dejó como sensación, fue la necesidad de apertura de mundo desde la perspectiva, y como todo desde allí vibra internamente, aunque la sindérese de la razón vuelva a dejar todo en su sitio y exprese el pensar la tragedia de la necesaria perspectiva.


Tuesday, May 1, 2012

Trabajos de oficina

"Trabajos de oficina" es el nombre de un cuento corto de Julio Cortázar, encontrado alguna vez por casualidad en medio de miles de libros tristes de una biblioteca. Por aquellos años, las clases de semiología fueron como un bálsamo que curó una aversión causada antaño en el colegio. Fueron años de reconciliación. Una parte del cuento dice lo siguiente:

"Mi fiel secretaria se ocupa o querría ocuparse de todo en mi oficina. Nos pasamos todo el día librando una cordial batalla de jurisdicciones, un sonriente intercambio de minas y contraminas, de salidas y retiradas, de prisiones y rescates. (...) Mi fiel secretaria arregla entre tanto la oficina, distraída en apariencia, pero pronta al salto. A mitad de un verso que nacía tan contento, el pobre, la oigo que inicia su horrible chillido de censura, y entonces mi lápiz vuelve al galope hacia las palabras vedadas, las tacha presuroso, ordena el desorden, fija, limpia y da esplendor, y lo que queda está probablemente muy bien, pero esta tristeza, este gusto a traición en la lengua, esta cara de jefe con su secretaria."




Estas figuras de la secretaria, el jefe, la oficina, las palabras, el orden y el desorden y esa batalla de jurisdicciones me resultan sumamente llamativas, especialmente si las relaciono con ese proceso de reconciliación que mencionaba al inicio. El chillido de censura ante el desorden aparente de los versos es como la censura de la razón, ordenadora por excelencia, presta y diligente, como una secretaria al estilo de Cortázar, tomando al pie de la letra sus dictados, y estando lista a ordenar, a poner las cosas en una lógica bien particular y definida, que es la definición de orden en este caso. Pero ¿por qué desde la razón puede decirse que un verso, naciente bello y hermoso, pueda parecer desorden?

El verso puede tener su propio orden, luego de algún modo podría ser percibido por la razón como ordenado de alguna manera; posiblemente Cortázar presuponga esto en su verso, pero si lo ha colocado en relación de desorden, ¿puede significar esto simple acaso o se podría tematizar el asunto? Puede ser mero acaso, sin intención alguna de relación, pues tal vez la obra, en tanto definirse como obra, lo es si puede trascender su autor. De este modo, bajo esos presupuestos, parece que el desorden es porque la razón es llevada a un ámbito desconocido para ella, en donde no acostumbra a moverse y ser, pues es el ámbito de algo variable que puede ser difícil de ordenar por la rapidez de la variación. Así, tal vez sea ese el tipo de "desorden" que no pueda soportar la razón.

Sin embargo, la razón misma sabe que hay un orden, sólo que es otro orden, no diferente del suyo, pero sí un poco más difícil de ordenar. Los afectos, sentimientos, emociones, pasiones, pareceres, sensaciones, asociaciones, etc. es como un mundo paralelo para la razón, pero tal vez no un mundo desconocido del todo, sólo que deliberadamente incomunicado por algún tiempo. Se trata, entonces, de orden del sentir, que emerge con su propia lógica, su propio orden y su propia razón. Cuando los filósofos abordan filosóficamente este asunto, la perplejidad, como la profundidad asoman.

Tomaré en este caso al pensador de la intimidad, Agustín, cuando al comienzo de su libro X de sus Confesiones trata sobre el "abismo de la consciencia humana", abre el espacio a una fenomenología de la confesión:

"Así, pues, mi confesión en tu presencia, Dios mío, se hace callada y no calladamente: calla en cuanto al ruido de las palabras, clama en cuanto al afecto"
Parece insinuar que es el ese abismo profundo que es la mente humana, el pensamiento, en este caso el discurso, la sobreabundancia de palabras, de ruidos, como bien los llama el pensador africano, parece tan sólo como una especie de ámbito emergente de exterioridad y de contacto, pero en otro momento, en el momento de la interioridad, emerge entonces otra parte, un poco menos ruidosa, pero más expresiva, la interioridad de los afectos. Afectos que hablan sin palabras, expresan en silencio, contacto entre sí y algo más íntimo de sí mismo.

La confesión se hace callada, hablan los afectos, así comprendí lo que me llevó a reconciliarme con lo que en general yo llamo "literatura", la integración de un lenguaje diferente a la razón. En mi caso, he aprendido a no tachar presuroso las palabras nacientes de un verso del corazón.