Ontábamos presufilóficos
unsurbes en tesis postreras,
transpensando incólumes la charla
extrufiñando tu presencia.
Robizontes de colores grises
asoman bitrúficos en mi ventana,
ausencia rústica y pampásica
dolor breviario y cortical
Thursday, October 25, 2012
Monday, October 15, 2012
Aquella tarde
Aquella hermosa tarde de sol otoñal
palpitaba grande mi corazón en tu presencia,
adornada estabas de un cielo claro y juvenil
cuando te encontré buscando tesoros en tu libro mágico.
Era la profunda calma antes de la tormenta.
Tus suaves aromas percibía con intensidad,
tus ojos dulces y alegres,
líquidos y profundos,
tu voz luminosa e iluminadora,
timbre de estelas de mar...
me esperaba una presencia con
palabras de aguijón,
y con saetas encendidas de verdades evidentes.
Aquella tarde, sí, aquella tarde de sol otoñal
con un movimiento de tu mano interior me desnudaste,
emboscada salvaje de guerra no declarada,
abierto sin más, cuchillo de dos cortes,
acción pura sin contemplaciones,
mano hábil con tan poderosa arma.
De pronto, presa de tu caza,
me encontré en frente tuyo,
desnudo, perplejo,
atrapado y sin salida,
esfuerzo inútil de gacela traspasada
por feroz garra de leopardo de estepa.
Tan sólo me quedó recogerme a mí mismo
y entre confuso, tocado, perplejo y desnudo,
te sentí como breve, pero fuerte huracán,
y nada más me quedó que recogerme a mí mismo.
Pasado el tiempo, después de muchas otras
sigo recordando aquella tarde,
tarde de vino nuevo,
de aromas suaves,
tarde única,
tarde de brisa suave y huracán.
Hoy me río de aquella tarde,
me río de mí mismo confundido,
también de tus nervios disfrazados,
pero aun así,
adoro tus palabras de escalpelo,
adoro tus palabras de escalpelo,
y la hermosa selva de tu cabello nocturno
de bella danza helicoidal.
Saturday, October 13, 2012
Nos hiciste llorar sin afligirnos
Tranquila, tierna y tímida la tierra se asoma en su aroma, y aunque en efecto haces llorar, menos mal no de aflicción. Me ha encantado esta oda a la cebolla, que es una oda a las simples cosas de la vida, la trascendencia de lo prosaico como una cebolla. Recuerdo mucho grandes extensiones de tierra en medio de una densa niebla por el bravo frío de la montaña, recuerdo en mi infancia esos campos de cebolla junto a la carretera, que anunciaban su presencia desde mucho antes de llegar cerca de ellas. Y sí, también recuerdo que no creía que uno podía llorar por ella, hasta que un buen día también a mi me pasó, y me pareció asombroso e increíble. Transcribo esta hermosa oda de Neruda, homenaje a la vida simple y a las fragancias de la tierra.
Oda a la cebolla
Cebolla,
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.
Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.
También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada
y parece que el cielo contribuye
dándote fina forma de graniza
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios de un tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.
Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada.
Y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.
Tuesday, September 18, 2012
Monday, September 17, 2012
Di tu decir ...
Me he encontrado con otra magnífica creación de Paul Celan. Otro pretexto para nombrar.
Habla también tú...
Habla también tú,
sé el último en hablar,
di tu decir.
Habla -pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.
Dale sombra bastante,
dale tanta
cuanta en torno a ti tu sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.
Mira en torno:
ve cómo alrededor todo se hace viviente
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quién dice sombra
Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿A dónde ahora, despojado de sombra, adonde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.
Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.
Di tu decir con palabras errantes, quiero que hieras la coraza de mis tímpanos y rompas el silencio negro de la noche en vela. Quisiera que dijeras "no es ya esta gravedad", pero al menos rompes el eco del silencio monacal. Austeridad de palabras, ni siquiera esa sombra del sentido tambaleante en palabras errantes. Sólo oquedad.
Mis oídos extrañan tu voz, que seas como tu, lenguaje de cuchillo ensangrentado afilado para cortar ilusiones. Habla también tu, esfinge muda, pero que no vacía. Di tu decir, di tu sombra, dite a ti misma, pero di tu decir.
Sunday, September 16, 2012
Viento al Atardecer
Luces que conmueven mi interior como olas de viento fresco al atardecer,
las siento en las ventanas de mi alma, abiertas para ser.
Así siento el hilo de Ariadna de mi vida,
la salida de mi propio laberinto poblado de minotauros,
queda ahora el resto de mi vida por recorrer.
Sunday, August 26, 2012
Sobre perspectivas y tragedias
Colección de algunas cosas que se me ocurrieron a propósito de una representación pictórica:
La tragedia, según creemos: "La fe en valores absolutos, ilusoria como es, me parece condición de la existencia" (T. Mann), y yo añadiría: el prodigio humano consiste en vivir y seguir viviendo sabiendo que las creencias son nada más que creencias, mundos o ilusiones posibles, tan necesarias como improbables y probables al mismo tiempo.
Otra tragedia, según creemos: "Hechos es precisamente lo que no hay, sólo interpretaciones" (Nietzsche), pero una vuelta recursirva ad infinitum sobre la interpretación nos hace más patente la primera tragedia.
Una más, por si acaso, según creemos: nuestros conceptos, en tanto metáforas, configuran nuestra realidad; con eso quedamos atrapados en nuestra subjetividad, si es que no tenemos una subjetividad un poco más grande que es lo que se llamaría un "mundo común"
Alguien con la sensibilidad suficiente, podría llorar después de esta otra tragedia, según creemos: no sabemos lo que hacemos, y tal vez por eso la sabiduría que se esconde detrás del verso bíblico: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Y todo esto a propósito de lo que me dejó pensando cuando vi por primera vez esta foto digital de un cuadro de Gauguin
Según cuentan los libros que ando leyendo estos días, al ver esta pintura Van Gogh expresó: "Ese soy yo verdaderamente, pero tal como si me hubiera vuelto loco", y al menos de parte de Vincent, la convivencia con Gauguin fue otro, tal vez el último, de los detonantes de su enfermedad mental. Pero en tanto que ninguno sabía lo que estaba haciendo, tratando de reconocer objetivamente sus propias perspectivas, lo que la foto digital de la pintura me dejó como sensación, fue la necesidad de apertura de mundo desde la perspectiva, y como todo desde allí vibra internamente, aunque la sindérese de la razón vuelva a dejar todo en su sitio y exprese el pensar la tragedia de la necesaria perspectiva.
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